1 ene. 2017

El Campeón Mundial de Ajedrez Magnus Carlsen, El Campeón Mundial de Ajedrez Ivanchuk, El Campeón Mundial de Ajedrez Ivanchuk y los Dos cerebros de Carlos Torre Repetto. Parte 3.





Los pasos que sigue la mente para seleccionar una jugada varían en cada jugador, tanto por factores de conocimiento, hábitos como por su propia historia.
Muy a menudo cuando incorporo a mis cursos a un nuevo alumno, los exámenes de ubicación y pruebas de diagnóstico me resultan insuficientes para tener una idea exacta del nivel que tiene en varias áreas y así poder comprender como apoyar mejor sus avances. Un alto porcentaje comparten oportunidades en las que se puede trabajar para mejorar. No es raro que una misma lección, con muy leves adecuaciones, se ajusten a diez o más alumnos.
Ya que hay que partir de una base común, primero identifico si hay que crear, reforzar o reconstruir esa base y luego el hacer cualquiera de esas opciones puede llevar meses.
Lo que es general es reforzar la parte “automática” del ajedrez, que es crear la alarma que prevenga el error.
Digamos que es como crear intuición, condicionar respuestas. Un Desarrollo de la Habilidad en Ajedrez decía Torre, pero que es más bien construcción de reacciones automáticas, de un escaneo de la posición a supervelocidad.
De 1925, año de los estudios de los psicólogos soviéticos que se hicieron a los grandes maestros del Torneo de Moscú de 1925 y que fuesen la base primaria del sistema de enseñanza, entrenamiento del ajedrez e incluso identificación de áreas de ayuda para los escolares que jueguen ajedrez, a la época actual, mucho más se sabe sobre “intuición ajedrecística”, “sentido de la posición”, etc.
Al parecer el grueso de la actividad mental se procesa en módulos mayormente automáticos, y eso aligera la carga de los sistemas de toma de decisiones y no requieran ocuparse de unos10 millones de pasos que se requieren para la menor de las acciones. Simplemente para hablar, llevar una cuchara a la boca, levantar un papel del suelo, si instruyéramos a un robot para hacerlo, necesitamos millones de instrucciones programadas.  En el ser humano, la gran mayoría de eso es automático y no tenemos que hacerlo conscientemente, lo hacemos sin reflexionar casi. De todo eso ya sabemos bastante, pero en cambio, de cómo. se produce la integración modular que da lugar a las respuestas neurológicas ¡Ni idea! Es como la electricidad, muchos no sabemos a ciencia cierta que es, pero si que la necesitamos y la empleamos para encender el foco con que leemos en la noche. De cómo hace muchas cosas el cerebro no lo sabemos. Tenemos que entender eso, vivir con ello. Además, si de repente un extraterrestre nos diera la respuesta, lo más seguro es como no sabríamos apreciarla. Es como si de repente, tras enseñar el movimiento de las piezas, a un alumno le hacemos que memorice una partida de Morphy- Tiene uno que ir comprendiendo cada uno de muchos procesos para poder darnos cuenta que debemos cuestionarnos, que  preguntas deberíamos hacernos, plantear bien el problema es mucho más importante que las respuestas.
Está claro que en el ajedrez la mayor parte de las elecciones de jugadas que hacemos, nuestra actividad mental para ello es inconsciente. Todos los subsistemas que procesan la jugada trabajan todo el tiempo sin informarnos, no estamos conscientes de ellos, se construyen en distintos niveles y cada uno de esos niveles tiene su propio control.
La liebre y la tortuga no funcionan en paralelo, ni se localizan, como se afirmaba antes, en una parte del cerebro, como decir que en la parte izquierda se calculaba y en la derecha se intuía, hay cierta distribución, pero menor, en cada parte pasa de todo un poco, no es tan definido.
Tras que a los médicos les dio por curar la epilepsia seccionando la comunicación entre los hemisferios cerebrales y hubo muchos casos de pacientes para estudiar, se da ahora por hecho que el mecanismo que posibilita la conciencia es muy complejo y múltiple y que en cada hemisferio hay millones de esas partes y aún no sabe cómo se hace ese circuito y como trabaja a nivel de neuronas. No hay idea.
Tal vez nunca sepamos como comprender al cerebro, hay demasiadas cajas negras, pero más o menos, a prueba y error, y con una gran cantidad de entrenadores ocupados en ello y compartiendo sus experiencias en libros, artículos, en las webs o en los email, se ha podido determinar cómo producir grandes avances y está claro que existe una gran diferencia entre quien estudia y quien no estudia ajedrez,  y entre quien ha sido entrenado aceptablemente y quién no. Cada vez la brecha entre aquel que hace algo y el que nada hace es más grande, lo mismo entre el que hace algo sin sistema y quien si lo sigue, entre los que son asesorados bien y los que no lo son.
Vamos conociendo muy poco a poco mejor al cerebro. De 1925, los Rusos hicieron mucho- Las neurociencias logran desarrollar modelos, como los de Moscú 1925, que tienen una gran riqueza para los llamados comportamientos importantes (como la memoria, la toma de decisiones.), pero estamos en pañales en lo que toca a entender, vislumbrar,  los mecanismos  que nos interesan realmente.
Ahora que el que mucho de la actividad mental sea automática no nos quita la responsabilidad de nuestros actos y nuestros resultados, ya que si esta en nuestra mano influir en ellos, aunque sea en parte mínima. Hay compromisos porque vivimos en sociedad y tenemos que seguir reglas respetando los derechos ajenos. Si nos juntamos varios en una cosa, son necesarias las leyes,  el ajedrez las tiene de varios tipos. Leyes que exigen que no se haga trampa, porque si no ningún sistema funciona. Los cerebros son automáticos, pero aun tenemos libre albedrío y responsabilidad por ello. Las personas somos libres, pero responsables, no podemos alegar que somos inocentes de todo lo que hagamos o decidamos porque gran parte de nuestro proceso mental sea automático.
Lo automático del cerebro nos hace iguales. Si uno les pide a muchos jugadores nos digan, en una posición de un patrón sencillo y común, cual es la jugada que se le ocurre primero, el 90% dará la misma jugada. Y si a un buen numero de personas les pedimos que hagan un juicio moral sobre alguna situación, el 90% dará la misma respuesta o una muy semejante. Pero también existe el síndrome Rashomon, donde varios testigos perciben el mismo hecho de diferentes formas. Si uno pregunta porque decidieron tal o cual jugada, hay todo tipo de respuestas,  derivadas de su experiencia,  cultura ajedrecistas, hasta de su lugar de origen, su fórmula actual de tomar decisiones, por muy arcaica o simple que sea.
Pero si sabemos adoptar y adecuar fórmulas, por eso hay quienes progresan en ajedrez y quienes no, a pesar de que ignoramos casi todo del cerebro. El estudio del ajedrez, aparte de que nos atrae, nos otorga una ventaja evolutiva.
Un entrenador requiere saber mucho del cerebro y del ajedrez. Es como las computadoras, hay software y hardware, y son nada sino interactúan.
El estudio de partidas, analizarlas, es como leer sobre historia y ficción, ayudan a prepararnos para enfrentar posiciones similares que pueden ocurrir en nuestras partidas. Es nuestra única arma que podemos llevar a un torneo, nuestra preparación previa.