1 ene. 2017

El Campeón Mundial de Ajedrez Magnus Carlsen, El Campeón Mundial de Ajedrez Ivanchuk, El Campeón Mundial de Ajedrez Ivanchuk y los Dos cerebros de Carlos Torre Repetto. Parte 2.





El mes de enero en la tradición griega era el mes de las dos caras, pero para otras tradiciones era el mes de dos caminos, la encrucijada que se plantea en cada ciclo.
Los griegos decían que era de dos caras para ver el futuro y el pasado. Importante es tomar en cuenta el pasado, llevar nuestros registros para ver como actuamos y así poder mejorar nuestras actuaciones futuras.
La fórmula básica para superarse en ajedrez en todas las escuelas de ajedrez, desde Filidor a a Soviética, la China, la rusa actual, recomienda el análisis de las propias partidas para así ver que errores se cometen y descubrir cuál fue la fuente real de esos errores y, tras la identificación de aquello que nos lastra, que nos retrasa en nuestro avance, podemos establecer como quitarnos esa rémora y seguir avanzando.
Steinitz decía que sus sistema de juego lo elaboró en base a observar las partidas de Pablo Morphy y determinar las características de su modelo, luego lo adaptó a su realidad personal, a sus características propias, a su pasado y así pudo ver su futuro. No sería una copia de Morphy, sino adaptaría de ese modelo lo que mejor le quedaba.
Lasker hizo lo propio estudiando a Steinitz, y así Capablanca, sin Steinitz, sin Morphy, sin Lasker, no hubiera desarrollado su modelo.
Pero ya apuntaba que Torre hablaba de su liebre y su tortuga, y que psicólogos del siglo XX han trabajado en conceptos similares en lo que toca a la toma de decisiones.
Alimentar la liebre y alimentar la tortuga es necesario para cada jugador que desea tener un desarrollo integral, y lo mismo para todo aquel que toma decisiones, y para el caso, la vida es una constante toma de decisiones.
Los beneficios que da la práctica organizada del ajedrez a nuestra vida pasa por ser un ejercicio de toma de decisiones. Querer atribuirle dones y beneficios sin límite, es una falacia que los entrenadores serios no deben vender. Jugar ajedrez no da ningún beneficio por el simple hecho de jugarlo, es la manera en que se juega. Hay maneras virtuosas y maneras viciosas. Por eso decía Torre lo de la liebre y la tortuga, para entender, motivarse y comprometerse a alimentar a las dos partes bien. El ajedrez puede ser un juego de azar si hacemos nuestras tomas de decisiones, nuestra elección de jugada, sin control de la voluntad, a lo que se nos aparezca primero en la mente. Y como nuestra mente es maravillosamente rápida, nuestra liebre, a menudo nos sale bien y caemos en la trampa. Las liebres tienen esa tendencia. Pero así a la larga nos enviciamos. La tortuga tiene su caparazón, y es lenta. No es flexible, ni le gusta mucho lo nuevo. Avanza poco, pero seguro, aunque ve más al suelo que al cielo. Tampoco la tortuga debe dominar.
Muchos psicólogos dicen que tenemos una serie de defectos en el cerebro de fábrica, además de que lo usamos sin tener un adecuado manual de instrucciones.  Hay que tomar en cuenta esto para explicar la tendencia natural a cometer errores. Y los errores son distintos de acuerdo al tiempo de reflexión con el que contamos para tomar nuestras decisiones. Por eso las tres modalidades del ajedrez que ahora se estimulan por el afán mercantilista de las Federaciones, normalmente dirigidas por personas que no les interesa la creatividad en ajedrez, ni sus aspectos educativos o en el mejor de los casos piensan que al difundirlo entre el mayor número de personas es ahora más importante de en qué manera se maneje, se han agudizado las diferencias entre esas manifestaciones de la liebre y la tortuga.
Obligados por aquello de la demanda y la oferta, en el caótico y cruel neoliberalismo que justifica todo por la ganancia material, muchos entrenadores han ido desarrollando metodologías para lograr el éxito deportivo en cada una de las modalidades que se les ocurra a los directivos organizar, sean desde ajedrez bug house, bullet con partidas de a minuto, o con dados, o lo que deje dinero. Incluso llegan a seleccionar sus “prospectos” en base a lo que puedan sacarle a un engañado padre que sea mejor consumidor de sus servicios o instrumentos que le vendan. Por supuesto que los “éxitos” de sus prospectos son efímeros, aunque ya se ha visto cómo se pueden “arreglar” para que ganen campeonatos.
El caso es que entrenadores mas o menos serios o que aun no han caído en el sistema de arreglar partidas, que como acusaba Fischer de los matches Kasparov y Karpov , o como pregona ahora el GM Salov que en los torneos de elite son cosa de todos los días actualmente, donde los jugadores de 2800 de repente pierden partidas por errores increíbles, o en los torneos “abiertos” andan perdiendo con jugadores de poco más de 2500 de rating; esos entrenadores mas o menos responsables, también elaboran sus sistemas de entrenamiento para cada modalidad.
Ya que la mayor parte de los ingresos de una asociación, o de un entrenador provienen del dinero de padres ajedrecistas, ahora las organizaciones están viendo como equilibrar la explotación a los padres con el apoyo a niños con verdaderas posibilidades de llegar a ser grandes jugadores, pues sin la zanahoria del progreso en ajedrez de algunos pocos, los muchos no seguirán aportando, y los innumerables viene viene que dependen del negocio no subsistirán. Por eso tarde o temprano los viene viene angustiados recurren a quienes los orienten. Lo curioso es que generalmente no identifican lo que puede ser la fuente correcta. No conocen bien la historia verdadera de los modelos y de las metodologías. Y aunque se les repita que ¡Los Rusos lo hicieron!, buscarán entre los jugadores prácticos, y no distinguen ya entre entrenadores y viene viene, entre el oro y el oropel.
Y es que con tanta patente de corsario que FIDE, Fundaciones reparten, ya es difícil distinguir entre milicias y ejércitos profesionales, y cuando llega la guerra real, descubren balas de media carga que no sirven para combatir, y será tarde como la venganza de Villa sobre Columbus para quejarse de que le dieron gato por liebre…
Enero es mes de encrucijadas, de dos caras, pasado y presente, liebre y tortuga.