11 ago. 2013

¿Por qué no se progresa en Ajedrez?



Aunque no me gusta partir de un enunciado en negativo, me sorprendió que con ese título o uno muy similar, en diversos idiomas, aparecieran en los meses de julio y agosto de 2013  nada menos que 32 artículos, muchos de ellos escritos por maestros internacionales y grandes maestros, así como unos seis de entrenadores muy reconocidos.
Por supuesto que es una cuestión crucial a la que todo entrenador y jugador quisiera encontrar respuesta.
El maestro Alexandr Koblentz, ante esa pregunta en una sesión en Riga en 1987, contestó: ¡Porque no quieren progresar!
“La pereza los invade, lo que no sucedería si realmente los quemase el deseo de superarse. No tienen fe en lograrlo y no hacen un verdadero esfuerzo, quieren la gloria sin sudar. Por eso queda reservada la gloria para los que realmente se sacrifican. Es muy difícil querer realmente lograr algo, por eso son pocos los que consiguen sus metas, los que se deshacen de la pereza”.
Por supuesto que la motivación y la determinación son lo fundamental y todo lo que se haga para lograr fortalecerlas rendirán enormes frutos. Es trabajo realmente vital, no solo para el ajedrez, sino para la vida, por lo que a través de la historia ha sido tema básico en la religión, la filosofía, la pedagogía, etc.
Querer realmente algo es el consejo de todo libro de coaching y estudiar como lograr querer realmente, y lograr desear algo así, es tarea de una vida.
Pero, suponiendo logremos eso, que casi nadie logra, ¿Qué se puede hacer?
Claro que si realmente quiere lograr algo, por tierra y mar buscará las respuestas adecuadas, pero siendo un poco humildes, veamos algunas de las respuestas que encontré en más de una veintena de artículos, concentrándome en uno especial como base.
En ese artículo dicen:
“El jugador medio trata de aprender ajedrez y mejorar mediante la lectura de libros, resolviendo problemas tácticos, reproduciendo las partidas de jugadores de élite una y otra vez, pero apenas nota diferencias positivas en su juego.”
(Me parece bien. Como tantos autores sugieren hacer eso, no es extraño que sea una popular manera de actuar para superarse. Pero para notar diferencias debe evaluarse primero, y periódicamente hacer otras evaluaciones para descubrir si progresa o no. Importante anotar todo lo que hace, para saber que le funciona)
Luego afirma.
“Muchas de las personas que, como tú, han sentido esta necesidad de mejorar y aprender ajedrez de verdad, han recurrido a esta forma de hacerlo pensando que se trataba de la mejor y única manera de progresar. Sin embargo, no han seguido un hilo conductor en su aprendizaje, ni éste ha tenido en cuenta su forma de razonar el ajedrez.”
(Suena razonable, muy conductista, o muy conductatorial, pero antes de hacer neologismos, avancemos más).
Aquí viene algo clave.
¿Pero por qué el aprendizaje de ajedrez no se corresponde con el esfuerzo realizado?”
(Suponiendo que midamos bien que tanto esfuerzo hemos hecho y que tanto hayamos vencido a la pereza. “Dudosa victoria” diría Koblentz, ya que si realmente nos esforzamos y vencemos a la pereza, no hay quien nos pare. Pero aquí se refiere al esfuerzo realizado que supuestamente creemos haber hecho. Alguno al menos).
Y aquí da algunas razones:
Por el enfoque: Existen muchos libros que contienen buenas colecciones de partidas de Grandes Maestros, pero la mayoría utilizan un punto de vista poco pedagógico.”
(Totalmente de acuerdo, la gran mayoría no están diseñados adecuadamente para facilitar su estudio y menos para que rindan los frutos que el comprador, el lector espera. Eso sucede con todas las disciplinas, pero hoy en día se grafican demasiado y se vuelven algunos libros festivales ópticos, o hay tutoriales informáticos golpeadores de pupilas, pero son aun asi mejores que los textos agrios doctorales. Hay muchos avances desde el punto pedagógico, pero los libros de ajedrez están atrasados en su uso.)

“Por falta de empatía: El jugador de ajedrez no consigue reconocerse en los ejemplos que encuentra en los libros ya que estos ejemplos distan mucho de sus necesidades reales.”
(Muy de acuerdo, pero para empezar, el jugador no se conoce y eso lo limita para establecer sus objetivos de manera real, objetiva y sin embargo, optimista. Claro que a los autores no se les puede reprochar, porque los editores lo limitan en espacio, y así tienen que poner ejemplos generales y atrayentes. Aunque Capablanca jugó partidas que debieran ser utilizadas como modelos, algunos prefieren utilizar de Karpov o Kasparov simplemente por ser nombres atractivos y facilitan que el público compre el libro. A los editores hay que reconocer que a veces no saben lo suficiente o no pueden darse el lujo, o ni les interesa averiguar, si los ejemplos son adecuados o no para sus lectores. Mucho menos pondrán en su libro algún texto como “Este libro es adecuado para jugadores de 1600 a1799”, primero, porque limita su nicho de ventas, segundo, porque es muy difícil establecerlo. En la URSS se ponían notas como la sugerida, pero terminaron por poner: “Libro adecuado para jugadores de la IV a la II categoría y para entrenadores” y eso lo hacían porque la demanda de sus libros siempre mayor a la oferta. Pero muchos solo decían “Para jugadores en general”)

Por falta de un plan estructurado: El alumno, en el mejor de los casos, llega a entender lo que sucede pero no lo integra en su juego porque:
No se le requiere que defina el problema.
No se le pide que se implique con la resolución
Cuando se solicita su esfuerzo no se hace dentro de un programa estructurado.
El esfuerzo que aplica es insuficiente y, en el mejor de los casos, aislado.
Para mejorar y progresar en ajedrez es necesario que sigas un plan estructurado, que no sólo tenga en cuenta la comprensión de partidas de grandes jugadores, sino que te motive a entender tu propio juego y te ayude a sustituir tus viejos esquemas por formas correctas de pensar, perfectamente adaptadas a tus conocimientos.
(Esto es real en parte, porque se refiere a estudiar solo con libros, pero los que estudian con entrenadores no debieran tener ese problema. Pero entonces dependería de que el entrenador trabaje adecuadamente, tenga conocimientos y medios para aplicarlos, sobre “coaching”. Estas recomendaciones vienen de un sitio denominado método, pero aunque mucho tiene de importancia los métodos para hacer asimilables las enseñanzas, ahí puede estar la clave o al menos algo que ayude mucho.
Los sitios de algunos instructores dan orientaciones muy buenas, y hay textos magníficos, pero parecen fundamentales los de sicología motivacional general. El chiste es que uno se examine y vea si en el fondo de su corazón realmente quiere progresar, luego si puede motivarse a realmente quererlo, y ya determinado, disponer a hacer lo necesario. Pero es un proceso que no se puede hacer de frente y de golpe. Es como subir una pirámide, hay que ir de pequeño peldaño en pequeño peldaño y ascender en zigzag.