29 ago. 2013

Hace 50 años, un sueño.




El ser humano en su vulnerabilidad individual desconfía de todo lo que se ve diferente a lo que veía reflejado en el agua, su propia imagen. De pronto encontró razones para separarse de otros seres humanos, y luego quiso delimitar su mundo, empequeñeciéndolo, creo fronteras, naciones, estableció formas de hablar y de pensar, como rasgos para diferenciar los suyos de los otros.
Pero hubo muchos seres humanos, inquietos, que querían moverse y así los aztecas de las montañas de la antigua Tula, bajaron con una difícil y extraña misión, fundar la ciudad sagrada sobre un montículo en medio del lago donde un águila descendería destrozando en sus fauces una serpiente.
El monje Tan es recordado en la Pagoda de la Oca, porque fue un gran viajero y recorrió con sus compañeros el Asia completa. Mama Ocllo y Manco Cápac, del lago Titicaca marcharon para fundar Cuzco.
Adán y Eva emigraron forzados, siendo los primeros migrantes, y luego pueblos completos, como el de Abraham vagaron años y años por el desierto.
Roma fue fundada por migrantes, de la cepa troyana del gran Eneas que desde la costa asiática de Turquía, llego al Lacio.
A veces un ser humano es de un país en el que no nació pero lo lleva en su sangre y va emigrante siempre. Aquel que Martí llamó “el hombre más útil de su tiempo”, Domingo del Monte, nació en Venezuela y viviría largos años en Europa, así como moriría en París, lejos de Cuba, el gran José Antonio Saco.
Escribió su propio epitafio: “Aquí yace José Antonio Saco, que no fue anexionista, porque fue más cubano que todos los anexionistas”
Varela murió en el exilio el 18 de febrero de 1853, días antes que naciera en La Habana José Julián Martí Pérez.
Hoy en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, se guardan las cenizas de Félix Varela.
Hoy, el día de San Agustín, recordé a Varela, pues su primer sepulcro estaba en San Agustín en la Florida.  Y era imposible no recordar al Dr. King y su sueño.
El campeón de Ajedrez de México que primero fundó una revista de ajedrez, denominada “Mexicana” era cubano, nacido en Lima, llegó a Presidente de Cuba por unos minutos, y aquí en la Ciudad de México vemos su nombre puesto a una calle cerca de la Ciudadela: Manuel Marquez Sterling Loret de Mola.
Emigrante, hombre de Nuestra América y orgullo de toda la humanidad.
Editó libros de ajedrez en México, en Madrid, en La Habana, fue reconocido gran jugador internacional y venció al mejor jugador de España, que vivía en Cuba, donde nacería luego, en La Habana, el campeón español Golmayo que fuera líder de los ajedrecistas hispanos. Otro gran emigrante fue Francisco J. Pérez, nacido en España y fallecido en Cuba, que en 1964 ganó el Campeonato Abierto de México.
Tenemos en México muchos mexicanos que vieron su primera luz en otro país, como Kenneth Frey, nacido en París, pero finlandés, o Marcel Sisniega, nacido en Chicago y mexicano hasta la cepa. O Francisco Alonso, español, que muere en México relatando sus desventuras en la División Azul, u otro campeón de México, que llegó a ser embajador de México en  Cuba y que nació en Güines, el mismo lugar de nacimiento de los Grandes Maestros Lernier Domínguez y Holden; me refiero a Don Andrés Clemente Vázquez a quien anualmente se honra en Cuba, mientras aquí lo tenemos olvidado, aunque su trabajo por la Ley del Amparo, con enmiendas del hermano del GM Carlos Torre Repetto, Egidio Torre Repetto, le ha dado la libertad a muchos injustamente presos.
Por la libertad del Anáhuac mucha sangre se vertió, irlandeses, cubanos, argentinos, chinos. Nuestros pueblos de América tienen grandes troncos indios, africanos y españoles, en una mezcla que enriquece nuestros horizontes.
Debemos tener sueños, y luchar por ellos, sueños que quiten las diferencias de los ojos del ser humano. Espejos con luz. Una luz en el espejo.

“Llego la noche, y cuando un rayo blando
Alumbró mi dolor con luz de luna
Supe que aún vives mi memoria amando:
¡Oh, tenue luz, imagen de fortuna!
José Julián Martí Pérez.